

La ruta
Las paradas
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- Czestochowa (Jasna Góra)
Częstochowa 2022, a los pies de la Virgen Negra
Sesenta y cuatro jóvenes, una cruz histórica de la archidiócesis de Cracovia y cinco días a pie hasta el santuario de Jasna Góra, en la tierra de san Juan Pablo II.
En julio de 2022, 64 jóvenes volvieron a Polonia para hacer una peregrinación como las que hacen los polacos: caminar hasta Częstochowa, donde se venera a la Virgen Negra, patrona del país, y adonde cada año peregrinan cinco millones de personas. La mayoría voló a Balice, en Cracovia, el 19 de julio; unos cuantos llegaron en furgoneta, tras casi dos días de carretera, para llevar el equipaje y prepararlo todo. Lo hizo posible Pawel, un polaco al que habían conocido en la JMJ de Polonia, que los puso en contacto con la archidiócesis y les hizo de traductor.
Una cruz y cinco días de camino
La archidiócesis de Cracovia les entregó una cruz histórica para que la llevaran hasta el santuario, y un equipo de guías polacos los acompañó por carreteras y caminos, de Cracovia a Tarnawa, Pilica, Włodowice, Zaborze, Olsztyn y Częstochowa. Las normas eran estrictas: en Polonia un grupo grande no puede empezar a caminar antes de las seis de la mañana, y se andaba dos horas y se descansaba media hora, con alguna parada más larga para celebrar misa y comer bocadillos. Primero campos de cereal, después bosques verdes y frondosos. La primera hora, en silencio, servía para rezar, y en los descansos leían una carta que, supuestamente, les escribía san Juan Pablo II. Para Juan Pablo, aquella marcha de cinco días por asfalto fue «una catequesis de la vida».
Jasna Góra
Entraron en el santuario cantando a pleno pulmón y fueron directamente a los pies de la Virgen de Częstochowa para dejar las intenciones que habían cargado durante todo el camino. Aquella noche siguieron la tradición de darle las buenas noches, y al día siguiente algunos madrugaron para darle los buenos días. Nacho, impresionado por tanta devoción, lo tenía claro: «Se notaba que era un país donde Dios estaba muy presente».
Acogidos como hijos
Los últimos días los acogieron familias polacas que los trataron, dice Nacho, «como si fuéramos sus propios hijos». Juan Pablo se alojaba con un grupo de diez chicos en una casa de Wieliczka donde la abuela se levantaba a las cinco de la mañana para prepararles un desayuno suculento. El 28 de julio hicieron una hora santa en Cracovia, y el 29 cenaron con las familias para despedirse. También recorrieron los lugares de la vida de san Juan Pablo II —Wadowice, su casa—, Kalwaria, el santuario de la Divina Misericordia, las minas de sal y Auschwitz, donde Nacho comprendió que, «incluso en medio del dolor, Dios puede estar presente».
De aquel verano quedó una canción, «Dona toda tu vida», que uno de los peregrinos insistió en que aprendieran todos en Polonia y que un año después ya era el himno de sus peregrinaciones. Y una lección, que Michelle cuenta así: allí aprendió que «lo sencillo es más que suficiente y que Cristo se encuentra presente en nuestras situaciones más cotidianas».
Fotos
Amplía la fotoCamino a Tarnawa, 21 de julio de 2022
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Amplía la fotoHora santa en Cracovia, 28 de julio de 2022
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Amplía la fotoLlegada a Jasna Góra
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Amplía la fotoCamino a Pilica, 22 de julio de 2022
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Amplía la fotoCena de despedida de las familias que nos acogieron, 29 de julio de 2022
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Amplía la fotoPolonia, 27 de julio de 2022
Amplía la fotoWadowice, 27 de julio de 2022