

La ruta
Las paradas
- Parroquia de Sant Mateu (Barcelona)24 de julio
- Ars (Francia)en autocar
- Múnichen autocar
- Cracoviaen autocar
- Auschwitzen autocar
- Paray-le-Monialen autocar
Cracovia 2016, dejar huella
Dos autocares llenos y 2.312 kilómetros hasta la JMJ de la tierra de san Juan Pablo II, pasando por Ars y Múnich y volviendo por Auschwitz y Paray-le-Monial.
En verano de 2016, del 24 de julio al 5 de agosto, dos autocares llenos salieron de la parroquia de Sant Mateu hacia la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia, en la tierra natal de san Juan Pablo II, el creador de estos encuentros. Iban un centenar de jóvenes de diferentes grupos y parroquias, y los volvían a acompañar las cartas de Lolek, que les presentaba su tierra y les daba consejos para que la peregrinación les costara menos.
Ars y Múnich
El camino tuvo paradas que los marcaron. En Ars conocieron la historia de san Juan María Vianney, y les impresionó que pasara más de veinte horas al día en el confesionario. En Múnich hicieron una vigilia de oración de toda la noche, por turnos, para no dejar al Señor solo en ningún momento.
Campus Misericordiae
En Cracovia los acogieron familias en sus casas. Siguieron los actos del Santo Padre, meditaron sus palabras y lo acompañaron con cantos y gritos de júbilo junto a otros jóvenes que compartían su fe, sobre todo en la vigilia y en la misa del Campus Misericordiae. En la vigilia, la tarde del 30 de julio, ante el millón seiscientos mil jóvenes que durmieron allí, el Papa les pidió que aspiraran a lo mejor:
«Queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a “vegetar”, a pasar por él cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca. Al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella. Es muy triste pasar por la vida sin dejar una huella.»
La vuelta
A la vuelta no pudieron dejar de visitar Auschwitz: de la mano de la Virgen, rezaron rosarios por los perseguidos y por sus perseguidores. La última parada fue Paray-le-Monial, donde el Sagrado Corazón de Jesús se reveló a santa Margarita María Alacoque, y de donde salieron con una certeza: Cristo nos ama con un corazón humano.
Fue un viaje que les enseñó a abrirse a los demás y a salir del grupo de siempre. Y la historia con Polonia no acabó ahí: Pawel, un polaco al que conocieron en aquella JMJ, fue quien, seis años después, los puso en contacto con la archidiócesis de Cracovia para preparar la peregrinación a Częstochowa. Como dice la crónica: «una vez más nos volveremos a encontrar, y esta vez dejando huella».
Fotos
Amplía la fotoVigilia en el Campus Misericordiae (Cracovia), tarde del 30 de julio de 2016
Amplía la fotoArs (Francia), camino de Cracovia
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