Editorial
Diario de camino · 1 de septiembre de 2026 · 3 min de lectura
¿Vas a dejarte vencer por el miedo?
Mn. Ferran Lorda DonatButlletí Fent camí, de setembre de 2026
Como decíamos en el editorial anterior, la peregrinación empezó hace ya muchos años. No comienza hoy: viene de lejos, de tantos caminos andados, de tantas jornadas vividas, de tantos jóvenes que antes que nosotros se atrevieron a decir que sí. Lo que empieza ahora es un nuevo recomenzar: un nuevo reto, una nueva ilusión, una nueva constancia.
Faltan diez meses. Diez meses que pueden deslizarse en silencio, como agua entre los dedos, o convertirse en el tramo más hermoso de ese camino que ya llevamos andando. Porque a Corea no se llega solo con un billete de avión: se llega con el corazón preparado para encontrarnos con Cristo y abrir de par en par las puertas de nuestro corazón a Él.
Que nadie se engañe: esto no es un viaje de placer. Es una peregrinación, un camino de entrega y sacrificio. Las peregrinaciones no se realizan solo con dinero: se pagan con fe, con constancia, con horas de oración y días de trabajo callado colaborando en las distintas iniciativas que queremos llevar a cabo.
Por eso, quien se apunte asume unos compromisos muy concretos.
El primero, el más hondo: buscar a Jesús. En la oración de cada mañana, en la Eucaristía diaria, en la confesión que limpia y devuelve el aliento. Ahí se recobran las fuerzas y ahí la vida entera se convierte en un canto de alabanza donde se recupera la ilusión tras haberla perdido.
El segundo: lo pequeño de cada día. En casa, con los padres, con los hermanos, en los estudios. Como nos enseñaba Santa Teresita este verano: lo pequeño hecho con amor se vuelve ofrenda, eterno y amor universal. Que cada libro abierto de tus estudios sea ya una etapa del camino, cada examen un paso más hacia Corea.
El tercero: la formación. Conocer para amar más y mejor a Jesús. Este año, los que vayamos a Corea nos comprometemos a participar de los círculos de formación de la parroquia. Aquí, con los nuestros, donde se aprende y se hace familia, corazón a corazón, donde semana tras semana alimentamos nuestra fe y compartimos el rostro con los hermanos.
El cuarto: hacer familia. Seamos muchos o pocos, en julio de 2027 no llegaremos a Corea como un puñado de desconocidos, sino como una auténtica Familia. Y eso se teje desde hoy, hilo a hilo, también en las campañas para recaudar fondos: en todas, no en unas pocas. Son más de 2.200 € por persona, pero nadie los carga solo. Fondo común, granito de arena, hombro con hombro. Como en las familias de verdad.
Corea no es una cuestión de dinero. Es una cuestión de fe y de deseo. Y los escalones, ya se sabe, se suben de uno en uno: cada esfuerzo, un peldaño hacia la santidad.
No sé si eres consciente, pero al leer estas líneas ya estamos tomando conciencia de la magnitud de la aventura: una de las peregrinaciones más impresionantes de tu vida. Lo decimos sin miedo, porque estamos seguros de que así será.
No seremos muchos los que nos apuntaremos —el compromiso asusta—, pero quienes lo hagamos viviremos a flor de piel una experiencia que transformará nuestras vidas.
Cruzaremos el mundo para encontrarnos con Corea: con su gente, con su sencillez, con el Papa.
No todos aceptarán el reto. Los que vayamos, iremos con la certeza de que Dios nos acompaña, como en tantas otras peregrinaciones.
¿Serás capaz de desaprovechar esta oportunidad que Dios te está regalando: vivir una experiencia de familia y de santidad junto a jóvenes de todo el mundo? ¿Vas a dejarte vencer por el miedo, por la pusilanimidad, por ese «no lo conseguiremos» que apaga tantos sueños antes de nacer?
«Ánimo, yo he vencido al mundo».