Editorial
Diario de camino · 1 de noviembre de 2026 · 4 min de lectura
Pedid y se os dará: la oración que nos lleva a Seúl
Mn. Ferran Lorda DonatButlletí Fent camí, de novembre de 2026
Seguimos caminando hacia Seúl. El mes pasado os contábamos que no teníamos que tener miedo ante el elevado coste del viaje. Este mes queremos hablar de lo que sostiene por dentro este sueño: la oración.
La JMJ de Corea no es, ante todo, un proyecto nuestro. Debemos vivirlo como un regalo. Dios nos ama, sale a nuestro encuentro y nos ofrece la gracia de ponernos en camino. Él quiere que vayamos a Corea. Precisamente porque es un regalo, lo recibiremos de verdad si lo pedimos de verdad.
No es solo cuestión de dinero, ni solo de sacrificio y esfuerzo, aunque los habrá. Es, sobre todo, una cuestión de fe y de confianza. El Señor quiere estar con nosotros, y nosotros queremos caminar con Él.
«Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mt 7,7). Jesús lo repite una y otra vez en el Evangelio. Dios desea bendecirnos. Quiere que se lo pidamos. No porque necesite que le informemos de nada, sino porque la petición nos abre el corazón y nos enseña a confiar.
Para un proyecto así hace falta fe. Una fe pequeña, pero viva: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería» (Lc 17,6). Mirando todo lo que queda por delante, a veces Corea nos parece esa morera imposible de mover. Pero no se trata de nuestras fuerzas, sino de la fe que ponemos en Dios.
Esa fe no surge sola: se alimenta en la oración. Por eso insistimos tanto en ella. Si no rezamos, no seremos capaces de llegar a la meta. Si rezamos, el Señor hará lo que nosotros no podemos.
La oración de petición. Pedir con sencillez, como niños que confían en su Padre. Lo haremos especialmente con la oración de nuestra peregrinación, pidiendo la intercesión de nuestros dos patronos, santa Teresita del Niño Jesús y san Juan Pablo II. Pedimos los medios, sí, pero sobre todo pedimos que esta peregrinación sea un verdadero encuentro con Cristo.
La oración de intercesión. Somos 54 los que viajaremos. Cada uno necesita la oración de los demás. Rezar los unos por los otros, por nombre, con sus luchas y sus ilusiones, ya nos hace familia antes de subir al avión. La peregrinación empieza aquí, cuando ayudamos al otro en la oración.
La oración personal. Nada sustituye el rato a solas con Jesús. Es ahí donde nos encontramos con Él cara a cara, donde le contamos lo que vivimos y le dejamos hablar. Él quiere estar en nosotros; solo necesita que le hagamos un hueco cada día.
La oración litúrgica. La Eucaristía diaria y la confesión son el corazón de todo. En los sacramentos Dios actúa directamente en nuestro corazón y nos da su gracia. Por eso te animamos a acercarte a ellos con frecuencia durante estos meses. Nuestra vida cristiana se renueva cuando vivimos en gracia, y esa es la mejor preparación posible para Seúl.
En este camino no vamos solos: nos precede la Virgen María. Ella fue la primera peregrina de la fe. Apenas recibió el anuncio del ángel, se levantó y fue aprisa a la montaña para visitar a su prima Isabel (Lc 1,39). Llevaba a Jesús dentro y lo llevó a los demás. Eso mismo queremos hacer nosotros camino de Corea.
María es también nuestra maestra de oración. «Guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). Rezaba en el silencio de Nazaret, intercedió en Caná cuando faltó el vino y perseveró en oración con los apóstoles esperando el Espíritu Santo. Con ella aprendemos a pedir con confianza y a dejar que Dios actúe.
Y, sobre todo, María es modelo de entrega. Su «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38) es la respuesta más bonita que se le puede dar al Señor. No lo entendía todo, pero se fio. Le pedimos que nos enseñe a decir también nosotros «sí» a este proyecto, con sus alegrías y sus dificultades, y que ponga nuestro viaje en manos de su Hijo.
Ponemos todo nuestro viaje bajo el amparo de santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones, que sin salir de su convento recorrió el mundo entero con su oración, y san Juan Pablo II, el papa que creyó en los jóvenes y fundó las JMJ. Con ellos aprendemos que la confianza pequeña abre caminos grandes.
A partir del domingo 25 de octubre, una capilla peregrina empezará a pasar por nuestras casas. Será una forma sencilla de que la oración por Corea entre en cada familia y de que todos, también quienes no viajarán, se unan a este camino.
Que la Virgen y nuestros patronos acompañen cada casa que la reciba.
Seúl 2027 ya ha empezado, y empieza de rodillas. Pidamos, busquemos, llamemos. Contemos con la gracia de Dios y con nuestro esfuerzo, sabiendo que Él es el primero que quiere que este sueño se haga realidad. Si ponemos en sus manos un grano de mostaza, Él hará crecer el árbol.